Por Cecilia Mosto
La cuarta edición del reconocimiento al CFO del año se realiza dentro de un contexto muy particular. La relevancia de este actor corporativo ha cobrado una intensa dinámica desde el nuevo ciclo político dentro del cual no ha parado de crecer, debiendo pasar de un escenario con escasas posibilidades de acción a otro donde su rol se transforma en vertebral. Su área queda atravesada por un aspecto clave de la política económica. Basta como indicador el protagonismo que adquirió Luis Caputo dentro de la gestión, siendo el tercer funcionario con mayor visibilidad en medios durante el primer semestre de 2018, después de Nicolás Dujovne y Marcos Peña. En este sentido, entonces, el premio cobra una enorme importancia y genera un espacio que contribuye a corporizar una actividad que es, casi de manera excluyente, la de mayor relevancia en términos macro y microeconómicos. Ser destacado por un medio de comunicación del prestigio de APERTURA logra mostrar institucionalmente un espacio muchas veces distante o indescifrable para sus propios pares dentro de las empresas. Genera una gran oportunidad para mirarlo. La solidez financiera de una compañía constituye un valor de primer orden para acercar a accionistas y, en muchas industrias, resulta el atributo que determina la elección de una marca en particular de un servicio o producto por parte de un usuario o consumidor.

Por este motivo, hoy más que nunca, comprender aquello que más se valora enunCFOy quién es el que lo representa para pares y públicos cercanos no solo es importante el día del evento, sino que contribuye con la acción de mirarlos como modelos a seguir para ser los mejores. El elegido fue el resultado de la calificación de nueve indicadores, entre los cuales “capacidad de anticipación” y “liderazgo” son los aspectos más ponderados cuando se define al número uno y, por el contrario, “trayectoria” el de menor peso. Todo un dato.